En este estudio recorremos uno de los pasajes más decisivos del Nuevo Testamento: la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. No se trata simplemente de un evento impresionante, sino del cumplimiento de las promesas de Dios y del inicio visible de la Iglesia.
El ruido como de un viento recio y las lenguas como de fuego señalan que Dios mismo está actuando. El Espíritu Santo desciende, llena a los discípulos y les capacita para hablar en otras lenguas. Este fenómeno no es confusión, sino comunicación: personas de diferentes naciones oyen las maravillas de Dios en su propia lengua.
El texto también muestra dos reacciones que siguen siendo actuales: algunos se abren con asombro y preguntan “¿qué significa esto?”, mientras que otros se burlan y buscan explicaciones superficiales. Pedro, lleno del Espíritu, responde con claridad: no es embriaguez, sino el cumplimiento de lo anunciado por el profeta Joel. Dios está derramando su Espíritu sobre toda carne.
El mensaje apunta más allá del momento: es una llamada a reconocer la obra de Dios, a entender las Escrituras y a responder con fe. Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad que marca toda la era de la Iglesia.


Hechos-21-15

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